El día que Obregón tomó Guadalajara

“Después de las cruentas batallas de Orendáin, la Venta del Astillero y El Castillo, Obregón entró a Guadalajara acompañado por el general Manuel M. Diéguez”

Hace 100 años, el 8 de julio de 1914, el destino de Guadalajara cambió con la entrada del Ejército Constitucionalista al mando de Álvaro Obregón.

Octavio González Garzón 

El 8 de julio de 1914, el general Álvaro Obregón Salido, al frente del Ejército Constitucionalista del Noroeste, hizo su entrada triunfal a Guadalajara a nombre de Don Venustiano Carranza, Jefe del Ejército Nacional Constitucionalista, después de haber derrotado a los 12 mil 500 soldados del entonces presidente Victoriano Huerta.

El contingente, apoyado por don Venustiano Carranza, fue recibido con júbilo por miles de tapatíos, jóvenes, mujeres y niños, quienes consideraban a Obregón como el defensor de la democracia proclamada por Francisco I. Madero.

A su entrada, el general nacido en Siquisiva, Sonora, tenía 34 años de edad. La llegada se hizo por el sur de la ciudad, provenientes de la estación ferroviaria El Castillo, vecina de Atequiza, tras el exterminio del ejército huertista que en vano esperó refuerzos que nunca llegaron. En ese lugar perdió la vida el general José María Mier, un hombre de confianza de Huerta.

Obregón ingresó a la ciudad acompañado por los generales Benjamin Hill, Lucio Blanco y los jaliscienses Manuel Macario Diéguez y Sebastián Allende de Rojas. La juventud en este ejército también se hizo presente al lado de Obregón. Tras la feroz batalla de Nogales, se incorporaron elementos valiosos: los hermanos Fausto y Ricardo Topete Almada.

Está comprobado que el triunfo militar de Obregón en las batallas de Empalme Orendain, La Venta del Astillero y El Castillo, junto a la de la capital de Jalisco, su estado natal, obligaron a Huerta a renunciar a la Presidencia de la República siete días después, el 15 de julio de 1914. Luego, salió de la Ciudad de México y huyó al extranjero.

Durante la ocupación militar, los tapatíos vivieron y durmieron con tranquilidad. Sólo les preocupó por unos días la falsa versión que la capital sería saqueada por órdenas de Obregón, calumnia de los huertistas, pues había sido necesario el cateo de algunas residencias en donde se habían escondido militares sobrevivientes de la derrota.

Tras haber comprobado el cambio de autoridades civiles y militares en toda la zona conurbada se estableció un dispositivo militar de seguridad pública. Poco después, el ejército de Obregón reanudó su marcha al destino y objetivo de los carrancistas: la Ciudad de México.

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