Perforar pozos es pesado pero da para vivir

“El Malaco fundó en 1968 Ramper Drilling Perforaciones, una empresa líder en perforación de pozos profundos con sede en Jocotepec”

Andrés Palmeros 

Malaquías Ramos Camaño es un hombre ligado a la historia de Jocotepec de los pies a la cabeza. Hombre sencillo, aún conserva los valores de una persona de pueblo. “El Malaco”, como lo conoce casi todo mundo, supo que su vida estaba ligada al agua desde muy joven. Siendo un adolescente comenzó a trabajar y ejerció varios oficios. Sin embargo, encontró en la perforación de pozos profundos el trabajo que marcaría su vida. 

Malaquías fundó en 1968 Ramper Drilling Perforaciones, una empresa líder en aforo, rehabilitación y perforación de pozos profundos para alumbramiento de agua subterránea. Desde su nacimiento, ha trabajdo no sólo en la ribera del lago de Chapala, sino en Zacatecas, Nayarit, Veracruz, el Estado de México, Querétaro y Colima.

La empresa de Malaquías ha sido pionera en la adquisición de máquinas especializadas que permiten hacer perforaciones de 600 metros. En 2002, la empresa construyó en Estados Unidos un equipo con alta tecnología con la que podía perforar hasta los mil metros de profundidad.

Pero, ¿cómo llegó Don Malaquías a esto? Esta es la historia de un hombre que logró con poca formación académica, pero con mucha creatividad, convertir una pequeña empresa familiar en una empresa líder en el sector a nivel nacional.

¿Has estado dedicado desde siempre a esta profesión?

No. Yo empecé haciendo varios trabajos. Primero hice carpintería, un oficio que aprendí de mi padre. Después fui pionero en Jocotepec de la herrería artística. Pero siempre fui inquieto y buscaba aprender muchas cosas nuevas. En Guadalajara tomé un curso de mecánica automotriz que duró 40 días, pero me sirvió para abrir un taller de pintura y laminado.

¿Cómo nació la idea de perforar pozos?

En una ocasión fui a Ajijic y me encontré con gente que perforaba un pozo. Me llamó la atención la máquina que usaban porque me pareció sencilla y pensé que yo podría fabricar una. La hice, pero me tardé un año porque no tenía muchos recursos. Muy pronto perforé mi primer pozo en Jocotepec. Así fue como me convertí en perforador de pozos. Es un trabajo pesado pero da para vivir.

¿Qué hizo para expandir su negocio a otros lugares? 

La verdad es que no sé como sucedió. Un día me llamaron para perforar un pozo en Amealco, Querétaro, y fue cuando empecé a cambiar la maquinaria de golpe por una de rotación. En ese momento me llegaron más invitaciones y con el tiempo trabajé en Michoacán, Nayarit, Zacatecas, Aguascalientes, Veracruz. Incluso, perforé un pozo en Arizona. He trabajado para gobiernos municipales,  empresas refresqueras, agricultores y muchos particulares.

¿Cuál es la parte más atractiva del oficio?

La prospección de los mantos acuíferos. Yo aplico la radiestesia (una teoría que afirma que los estímulos eléctricos, electromagnéticos se pueden percibir por medio de instrumentos). Yo no creo mucho en eso, pero lo cierto es que funciona. Hay quienes usan varas de algún tipo de árbol y yo prefiero las de cobre. Así es como detecto los mantos acuíferos y la profundidad aproximada en la que se encuentran. Es importante saber distinguir cuando es simplemente un manto, es decir, un yacimiento que está quieto o cuando es una corriente. Esta es la parte más difícil porque uno puede equivocarse, pero conmigo ha funcionado.

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