La música es mi mayor felicidad

  “Cuando no toco, no estoy feliz”

Francisco Franco Álvarez: Tiene 93 años pero sigue tocando el arpa, el acordeón, el violín y el saxofón todos los días en su natal Valle de Guadalupe.

Francisco Franco Álvarez dice con orgullo ser el músico más viejo de Valle de Guadalupe. Nació en 1921 y a los 93 años toca el arpa, saxofón, el acordeón y el violín. “Me gusta mucho el sonido de la arpa, es un instrumento muy bello”.

La casa de Francisco está a dos calles del centro. Es una casa típica y antigua de una sola planta. La entrada está repleta de fotos antiguas, recuerdos y por supuesto, de sus instrumentos más queridos, los cuales cuida como a sus propios hijos.

La vida de Francisco parece sacada de una novela. Al estallar la Guerra Cristera, su padre los llevó a Estados Unidos a él y a sus hermanos. Ahí estuvo cuatro años en la zona de California, pero regresó a su pueblo natal. 

Luego, su situación personal lo obligó de nuevo a cruzar el Río Bravo. Ahí vivió de 1947 a 1953, año en el que fue deportado a México.

A partir de entonces se enseñó a tocar el violín y fue invitado a tocar en varias orquestas. “Viajábamos mucho por Jalisco tocando en fiestas, bodas, en las plazas”. A la par combinaba su trabajo como sastre. 

“Creo que la sastrería y la música tienen mucho más en común de lo que la gente se imagina”. Al paso del tiempo, aprendió a tocar otros instrumentos. Francisco asegura que el más complicado es el saxofón.

Admirador de compositores como Agustín Lara o José Alfredo Jiménez, volvió a Estados Unidos donde estuvo 18 años trabajando como jardinero en distintas ciudades de California, sobre todo en Los Ángeles. Ahí obtuvo los papeles y actualmente recibe una pensión estadounidense. 

Casado durante 64 años, asegura que no volvería a Estados Unidos, aunque todavía tiene varios familiares. “No, no me gustaría regresar. Aquí estoy muy bien. Me quedaré aquí hasta el final”. 

Aunque ya no toca en grupos, Francisco pasa gran parte de las horas del día practicando. Eso lo mantiene ocupado, le ayuda a refrescar la memoria y lo mantiene de buen humor.

“Tengo más de 90 años pero me siento perfectamente bien de salud. La música es mi mayor alegría. Cuando no toco, no estoy feliz”. 

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