Mosaicos, la “alfombra” de Guadalajara

El mosaico es una de las expresiones más típicas y representativas de la arquitectura urbana de Guadalajara 

Omar Magaña

Patrimonio urbano

¿Está en el centro? Por un momento párese, baje la vista y mire hacia el suelo. Con mucha probabilidad observará un piso cuadriculado de pasta de color gris y rojo. Se trata del Mosaico Guadalajara, uno de los elementos más representativos de la ciudad. Como las torres de Catedral, el Teatro Degollado, el Mercado Libertad, el mosaico es también un símbolo del patrimonio tangible que todavía se conserva.

“El mosaico atraviesa un buen momento gracias a que arquitectos e interioristas tapatíos lo sacaron del olvido” 

A finales del siglo XIX y principios del XX, este elemento urbano inspirado en los juegos geométricos del Art Déco, se utilizó durante muchas décadas para decorar los pisos de muchas casas, patios y aceras públicas. 

En la última década (o quizá un poco más) el mosaico se ha puesto de moda gracias a empresas como Studio Victoria. La firma que está reformando los diseños clásicos de un material decorativo de tradición tiene a sus espaldas casi ocho décadas de oficio en la fabricación de esta losa.

Studio Victoria es la versión actualizada de Mosaicos Eternos, una de las fábricas más longevas de la losa a base de cemento, arenas y pigmentos que durante buena parte del siglo XX ‘alfombró’ los espacios públicos de la capital de Jalisco.

Erika Martínez, directora comercial y gestora de Studio Victoria, aprovecha el buen momento por el que atraviesa el mosaico gracias a que arquitectos e interioristas tapatíos lo sacaron del olvido y le dieron su sitio justo frente a los porcelanatos y azulejos industrializados y de importación.

Con el boom de este material, Martínez, licenciada en comercio exterior y maestra en administración de empresas, pudo dar un nuevo impulso a la compañía familiar a partir de un modelo que contempla: optimizar los procesos de fabricación de mosaico con nuevas herramientas de prensado, si bien, la materia prima sigue siendo la misma; integrar mujeres en la creación de losa (dos chicas forman parte de su taller); aprovechar el catálogo de diseños clásicos (unas 150 formas heredadas del siglo pasado) y dar valor agregado al material innovando con modelos exclusivos y piezas únicas creadas con artistas plásticos, arquitectos y diseñadores.

Studio Victoria está creando las condiciones para que el mosaico sea, efectivamente, eterno, conforme a la estrategia planteada por la hija del arquitecto Jorge Martínez, quien se crió en el oficio, como su padre (abuelo de Erika), quien compró en 1942 la empresa a un grupo de empresarios japoneses. Su plan tiene por objetivos desarrollar proyectos factibles, mantener la rentabilidad en toda la cadena productiva del mosaico, ofrecer productos novedosos, innovar tecnológicamente, patentar las ideas y cuidar los secretos industriales.

En los talleres de Studio Victoria hay mucho de tradicional, aún se coloca cemento y arena en moldes cuadrados que se introducen en agua y después se ponen al sol para solidificar la mezcla; aún participan los artesanos que saben de la preparación de los pigmentos y de las cantidades precisas de pasta de arena y mármol que se requieren para fijar bien los diseños.

En las oficinas, por el contrario, se hacen estudios de mercado que ofrecen un panorama sobre las mejores prácticas de fabricación en otras partes del mundo; se establecen los contactos con creativos que deseen participar con nuevos patrones que embonen con las tendencias del hábitat, y se diseñan propuestas de interiorismo con base en el mosaico, incluso, para el mercado que durante algunas décadas del siglo pasado creyó que el material había sido rebasado por nuevos tipos de recubrimientos.

A mediados de los noventa, el mosaico estuvo en la cuerda floja ya por la crisis económica de esa época, ya por la proliferación de recubrimientos hechos en China o, simplemente, por el olvido de los consumidores. Ahora, todo apunta hacia el renacimiento y la permanencia de un material que mucho dice de la historia cultural y estética de México y, particularmente, de Guadalajara.

Trabajo artesanal y colaborativo

El trabajo colaborativo en Studio Victoria ha sido clave en la reapropiación del mosaico. En los últimos años han trabajado con los arquitectos de JAPI, que diseñaron un molde en forma de paloma; la estudiante de diseño, Zita González, que propuso mosaicos con altos y bajos relieves y los despachos Martínez Yamani Arquitectos y DOT, que han sugerido figuras con patrones paramétricos.

La fabricación de cada mosaico se hace pieza por pieza y toma entre tres y cinco minutos hacerla. El artesano usa una caja metálica, una trepa de color y un tapón. En el molde se coloca una mezcla de cemento y arenas. Sobre esta capa se coloca una trepa de color con el diseño establecido y se rellenan los espacios con un chupón con cemento, marmolina y pigmentos. El artesano quita la trepa de color y pone un fijador sobre la superficie. Se coloca luego el tapón y se mete a una máquina de prensado. Por último las piezas se colocan dentro del agua durante ocho y 24 horas para que se endurezca. Más información en: www.studiovictoria.com.mx

 

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